El whisky prémium está pasando de ser un producto reservado a coleccionistas a convertirse en un activo alternativo para grandes patrimonios, family offices, directivos y emprendedores. Su escasez, especialmente en el caso de botellas antiguas y ediciones limitadas, favorece su revalorización con el paso del tiempo.
Las carteras especializadas pueden incluir botellas de marcas como Macallan, Laphroaig o Yamazaki y alcanzar rentabilidades medias cercanas al 70 % en tres años. Además de la selección de los activos, estos servicios suelen cubrir el almacenamiento, el seguro, la gestión y la posterior venta.
Aunque sigue siendo una inversión de nicho, cada vez más inversores la utilizan para diversificar su patrimonio, protegerse frente a la inflación y acceder a un bien tangible. La exposición suele mantenerse por debajo del 10 % de la cartera, dentro de una estrategia prudente y orientada al medio y largo plazo.





